Por: Victor Millán A: junio 15, 2017 En: Temporada Comentarios: 0

Con la llegada del calor muchas personas, especialmente mujeres, pueden presentar congestión en las extremidades inferiores o ver como se agrava su retención de líquidos. Aunque en la mayoría de ocasiones no suelen relacionarse con problemas de salud serios, es recomendable la visita a un médico para descartar cualquier patología importante.

Cuando no hay patología causante del problema, la retención de líquidos suele estar relacionada con un desbalance entre la llegada de sangre a los tejidos y la capacidad de éstos para retornar los fluidos a través de la circulación venosa de retorno y de la circulación linfática. Es entonces cuando aparecen los molestos signos y síntomas como la pesadez de piernas, la hinchazón de tobillos (y en ocasiones también de manos), la congestión pélvica y/o abdominal,…

Existen una serie de consejos básicos que debemos tener en cuenta para evitar o disminuir estas molestias y que implican la actividad física, la hidratación y la nutrición.

El ejercicio físico es imprescindible para mantener nuestra salud. Esta actividad física debe estar adaptada a nuestras condiciones y capacidades aunque debe ser exigente con nuestro sistema músculo-esquelético, por lo que generalmente no es suficiente sólo el salir a pasear un rato. Lógicamente, miraremos de evitar las horas de más insolación, priorizando la actividad física a primera hora del día o al atardecer.

Cuidar la hidratación es un hábito indispensable para una adecuada función corporal. Una escasa hidratación solicita mecanismos de ahorro de líquidos en el cuerpo. Beber agua promueve la movilización y eliminación de líquidos. Esta hidratación debe ser fundamental en las primeras horas del día, reduciéndose especialmente en las últimas horas de la tarde y noche. También debemos evitar la hidratación a “pequeños sorbos” que saturan nuestro centro de la sed.

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Los vasos sanguíneos y linfáticos realizan su función de forma adecuada cuando disponen de suficientes nutrientes que aseguren una buena reparación y mantenimiento de sus estructuras. Destaca la importancia de vitaminas, grasas de calidad y de antioxidantes. Las grasas de calidad las podemos obtener del pescado azul, del aceite de oliva virgen (usado en crudo) y las vitaminas y antioxidantes de las frutas y verduras de temporada, especialmente de cerezas, melocotón, albaricoques, nísperos, ciruelas, sandías, tomates, zanahorias, pimientos,… Otro factor a vigilar es una adecuada cantidad de proteína en la dieta, proteínas necesarias para un adecuado trasvase de líquidos entre los vasos y los tejidos. Las dietas de muchas mujeres a partir de cierta edad no aportan suficiente cantidad proteica ya que, por problemas digestivos, suelen reducir el consumo de alimentos ricos en proteínas (carnes, huevos,…) sin compensarlo con alimentos vegetales ricos en proteína (como legumbres y semillas).

En cuanto a los minerales, debemos controlar el uso de sal común que promueve la acumulación de agua a nivel tisular. Podemos optar por el uso de sales no refinadas, sales de hierbas y el uso de especias y hierbas aromáticas para dotar de más sabor a nuestros platos.

Como consejo final, debemos moderar o evitar el consumo de ciertas sustancias como el café o el alcohol que sobrecargan los procesos depurativos corporales y evitar tóxicos como el tabaco, que promueven la oxidación de los tejidos y debilitan los vasos.

 

Rafa Guerra

Fisioterapeuta. Colegiado 2426. Osteópata D.O. (INOVA). Postgrado y Especialización en Terapia Regenerativa – PNI (UdG). Máster en Osteopatía (UNEATLANTICO). Docente en el campo de las Terapias Manuales, Nutrición y Suplementación.

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